EL CENTRALISMO: Limeño y departamental.

 Históricamente, el Estado centralista de nuestro país, es culpable de la aparición y consolidación de regímenes que actuaron al margen de los intereses y necesidades de las provincias, con la potestad normativa de la burocracia y de tecnócratas capitalinos, causantes de la minimización y deterioro de la imagen de instituciones públicas, del gobierno y de la débil integración nacional.

El centralismo limeño.

Con el correr de los años, el centralismo limeño, ahogó todo tipo de iniciativas que provenían del interior del país, consolidando una macro estructura económica, política, social y cultural de dominación, paternalismo asfixiante y de dependencia interna. Es decir, lo que se hacía o decidía en Lima, repercutía y ejecutaba en las provincias.

La limeñización del Perú, incuestionablemente frenó toda posibilidad de concertación efectiva y oportuna entre instituciones del Estado con entidades o gremios privados, como también con los representantes del sector laboral, para determinar y ejecutar proyectos productivos y programas sociales al interior de los pueblos marginados y olvidados.

Lima, también concentra altos índices de contaminación ambiental, tugurización, congestión vehicular, crecimiento de lacras sociales, alarmante deterioro de los índices de calidad de vida de población marginal. También se concentran los mini partidos políticos, que como un flagelo asolan la democracia perpetrando el delito de lesa peruanidad cuyos programas emergen del cuarto oscuro de sus conveniencias personales o de grupo. En fin, Lima, representa una sociedad opulenta que aún aguarda residuos de marginación y olvido ciudadanos.

Esta excesiva concentración de poderes, de recursos y servicios en la capital de la República, impulsó a los peruanos de provincias, asumir una actitud de lucha sempiterna contra el limeñismo, buscando salir del periodo del servilismo y vasallaje en defensa de la gran mayoría que viven y mueren en infiernillos de estrechez, de escasez, desnudez, tinieblas, hambre y en desesperación.

El centralismo departamental.

Los departamentos en el Perú, tienen algo peculiar que los caracteriza y diferencia entre sí: sus usos, costumbres, tradiciones, formas de vida, heterogeneidad de pisos ecológicos, recursos naturales, potencial socio económico, nivel de integración territorial y cultural, entre otros. Pero, por razones de un absorbente y nefasto centralismo fueron agrupados territorialmente en el Centro, Sur, Norte, en la Costa, Sierra y Selva.

El Departamento es un término político que no designa una realidad y menos aún, una unidad económica e histórica. Responde a una necesidad funcional del centralismo.

Desde 1821 se concentra en las capitales de los departamentos, la potestad normativa en la burocracia, el aparato productivo, las inversiones, los servicios básicos, las fuentes de trabajo, la infraestructura física y vial, los medios de transportes y las obras públicas. Es así como se enraízan los egoísmos y personalismos dirigenciales, acentuando posiciones localistas y de terruño de tipo comarcano y aislacionista hacia las provincias.

Mientras las capitales de los departamentos luchan contra el centralismo limeño, en busca de un futuro mejor; las provincias, a su vez, hacen sentir su voz de protesta contra el centralismo de las capitales de departamentos.

Es urgente renovar y definir estructuralmente las instituciones del Estado que han devenido en ineficientes, deficitarias, viciadas por la corrupción ya institucionalizada y manchadas por el crimen.

Para ello, es también muy urgente, el saneamiento integral, una reorganización de la economía regional y nacional, sobre bases eminentemente técnicas y científicas para devolverle a la Nación peruana sus elementales deberes y derechos integrales para construir un nuevo Estado Descentralizado.

Santos Alejos Ipanaqué

 

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