En un país como el nuestro,
es muy difícil hablar de Democracia en el exacto sentido de la palabra y su
significación. Es limitada a la elección (?) de nuestras autoridades políticas
cada cierto periodo.
Generalmente la voluntad
popular es engañada, estafada y manipulada en perjuicio de nuestras justas
esperanzas para un mejor destino como pueblo y como país.
En el reciente proceso
electoral hemos visto y escuchado que las palabras Democracia y Libertad, fueran
utilizadas sin ningún rubor por electoreros de una parte, que sin conocer la
definición de esos valores, ni mucho menos, nunca se les vio luchar por ellos,
en las calles y en los podios, contra las dictaduras de derecha e izquierda.
Por otro lado, vimos y
escuchamos una población mayoritariamente cansada y desesperada por la
creciente brecha social y económica, en busca de una puerta de reacción y
liberación, sobre todo, ante un Estado
incapaz de protegerla y defenderla; un Estado moldeado por la Constitución
neoliberal de 1993 con el signo del “dejar
hacer, dejar pasar” representando y defendiendo los grandes intereses de
grupos económicos en nuestro país.
El espectro es así, un pueblo
ignorante en “cultura política” siempre está expuesto a la manipulación, por
ofertas electorales de “políticos” y “empresarios” (metidos a políticos) faltos
de espíritu cívico y de responsabilidad social en el uso del poder.
Es claro también, que necesitamos
dejar atrás un Estado atomizado, desordenado e injusto, difícil de administrar
como lo demuestran las 21 Cartas Fundamentales de la república, establecidas y
anuladas, unas tras otras, por los sucesivos gobiernos dictatoriales y
autoritarios desde 1821.
La
identidad de las leyes es la identidad de los pueblos, su
constitución no es un catecismo que no se pueda tocar, su naturaleza permite
reformarse en partes sustantivas o total, mediante sus propios mecanismos
legales y legítimos.
La
Constitución Política neoliberal de 1993 copia el 95% de los
preceptos de la del 79, e incorpora en el 5%, la reelección inmediata para
consolidar el régimen económico neoliberal rentista.
La
Constitución Política concertada de 1979 tiene una mejor redacción
en sus principios doctrinarios que dan el marco constitucional del Estado
peruano, priorizando la persona humana en su protección, promoción y defensa,
fortaleció la educación gratuita y salud preventiva para su población.
El régimen económico de las
Constituciones del 79 como la del 93 establecen la “Economía Social de Mercado” que en rigor significa, una economía
orientada a satisfacer las necesidades de la población. Al hablar de una
economía social de mercado, se debería acentuar el adjetivo “social” que da una cuestión de unión y
comunidad imponiéndose sobre el sustantivo “economía”.
Sin embargo, en la práctica
los agentes económicos, ante la minimización del accionar del Estado, por
mandato constitucional, han desarrollado sus actividades dentro de una “Economía de Mercado” basada en la libre
iniciativa privada que tiene como única finalidad, lucrar.
En el régimen económico
social de las C79 y C93 tienen una incoherencia en la teoría económica, la cual
debe ser favorable al interés social de la población ya que conlleva fomentar
el empleo, justas remuneraciones, igualdad real de oportunidades. Mientras que
la experiencia real y práctica, nos muestra todo lo contrario.
Por último, la Carta
constitucional para un país como el nuestro, debe fundamentarse en principios y
valores de justicia social, orientados a la dignificación del trabajo como
fuente principal de riqueza y medio de realización como lo honra la
Constitución Política de 1979 que lleva la firma ilustre de Víctor Raúl Haya de
la Torre, y debe restituirse en virtud a sus artículos 306 y 307.
SAI.

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